11/09/2016

-¡Te quedó rica la cena!- dijo el Ama mientras veía a su sumiso recoger los platos. Iba vestido como a Ella le gustaba: un pequeño delantal blanco de criada francesa, un cachetero negro y zapatos negros, altos, de tacón de aguja.
-Terminá de limpiar todo, lavás los platos, y te preparás para dormir. Te espero en el dormitorio… ¡Ah… y no se te olvide sacar la basura!
“Te espero en el dormitorio”. Esa frase en los labios de su Ama hacía despertar sus más profundos anhelos de sumiso calenturiento y entregado. Amaba y deseaba profundamente a su Dueña a pesar de lo cruel que pudiera ser… ¡o más bien por eso mismo!
Soñando despierto con placeres y torturas terminó de recoger y limpiar todo. Lavó la vajilla mientras se imaginaba a su Señora con un arnés esperándolo en la habitación. Secó y guardó los platos pensando en su cama de perro, que siempre estaba a los pies de la enorme y suave cama de su Dueña. Cerró la casa al tiempo que ansiaba escucharla ordenarle “¡De rodillas! ¡Frente al suelo, culo al cielo!”. Entró al baño, se desvistió totalmente. Rememoró la sensación de el dildo abriéndose paso entre su ano, dejándolo sin capacidad de respirar. Se bañó, y casi empezó a gemir y jadear mientras se hacia una ducha anal, pero su Dueña hubiera pensado que se estaba masturbando… ¡y eso jamás! Se lavó los dientes y se vio al espejo…
-¡Perfecto! Ya puede disfrutarme como quiera… -susurró para sí y se fue a gatas a dormir… o a lo que Ella quisiera.
Su Dueña llevaba puesta una batita blanca de seda y estaba en la cama con los ojos cerrados, señal que era hora de dormir. Solo de dormir. él se dirigió la cama de perro hecha de mimbre. Solo enroscado cabía, pero era mejor que dormir en el suelo directamente, como le había tocado un par de veces que se portó mal. Además, esa cama significaba que tenía un lugar en la casa y la vida de Ella, y eso era maravilloso.
Vio un gotero al lado de la lámpara de noche, pero no le dio importancia. La mano de su Dueña colgaba en el borde la cama, por lo que empezó a lamerla para dar la buenas noches. El Ama abrió los ojos y lo iluminó todo con su sonrisa. Empezó acariciarle el cabello, detrás de las orejas y la cara, como cuando alguien juega con un perrito. Le dio un beso rápido en los labios
-¡Hoy te has portado muy bien!- le dijo -¡Te ganaste un cuento para antes de dormir!
él besó su mano, sonrió y se enroscó en su cama canasta para escucharla.
-No hace mucho tiempo, en este mismo lugar, tuve una sesión con otro sumiso… -comenzó la narración. él Odiaba pensar en los otros sumisos de Ella, pero lo solucionó imaginando que se trataba de sí mismo.
-No había cumplido una orden que le di,- continuo Ella -así que lo estaba castigando, pero teníamos mucho tiempo de no vernos y también quería disfrutar de él. Saqué jugo de jengibre que Yo misma hice y un plug anal de jengibre, también hecho por Mí. Le ordené que se parara junto a la cama y se inclinara sobre el colchón, entonces lo penetré con el plug y esperé a que hiciera efecto. Luego, cuando empezó a dar saltitos por el ardor que estaba experimentando, lo tiré en la cama boca arriba, y le eché gotitas de jugo de jengibre con un gotero, directamente dentro de la uretra. El jugo de jengibre arde mucho, pero es inocuo, afrodisíaco y provoca grandes erecciones en segundos. Lo dejé revolcarse en la cama por la sensación una sola vez… Pero después debió quedarse en un mismo lugar, boca arriba, y soportarlo todo gimiendo y jadeando. ¡Le puse tanto jugo que se desbordó por la punta de su pene, erecto a más no poder! ¿Te he dicho que me encanta el sabor del jengibre? -interrumpió su relato y él respondió negando con la cabeza, con el pene tan duro como si le hubieran echado el dichoso jugo.
-Se veía taaan rico, -continuó -que no contuve mis ganas de lamerlo… Se sentía firme y terso… estaba caliente y picante… ¡Me encantó! Es una experiencia que quisiera repetir con alguien… ¡y colorín colorado, este cuento se ha acabado! -dijo mientras lo miraba con un brillo maligno en los ojos. -Por cierto, -tomó el gotero de la mesa- ¿sacaste la basura?