Chocolate para una tarde de lluvia

19-08-2016

Llovía torrencialmente y hacía frío. Él se arrodilló desnudo frente a la puerta y sonrió para sí. 

Ya se imaginaba quitándole los zapatos y la ropa para darle un baño con agua caliente, luego ponerle la pijama, acostarla, ir a prepararle algo caliente y llevárselo a la cama, para al final darle sexo oral bajo las cobijas, y que durmiera relajadita. 

Obviamente, su imaginación convertía su miembro en un mástil, pero su vocación de sumiso le impedía tocarse, aún con su Dueña ausente. Cuando Ella llegó, él la esperaba de rodillas junto a la puerta, la Ama le acarició la cabeza como se hace con una mascota, mientras él le besaba los pies.

-¡Ya sabés lo que tenés que hacer!

Ella caminó hacia el baño y él la siguió a gatas. No podía parar de sonreír, su fantasía se iba realizando poco a poco. Trató de darle sexo oral desde que estaban en el baño, mientras le enjabonaba las caderas, pero Ella no se lo permitió. Él estaba realmente feliz a pesar de los cambios con respecto a sus anhelos. Al salir del baño su Dueña le dijo:

-¡Nada de pijamas! prefiero pasar directo al sexo para entrar en calor…

Esta Ama realmente disfrutaba mucho jugar sexualmente con su sumiso. Lo masturbaba hasta llevarlo a punto de terminar, hasta el límite, varias veces, y cuando estaba para eyacular, paraba de golpe. La primera vez boca arriba, luego de rodillas, luego a gatas… entre una masturbación y otra, él le daba sexo oral a su Señora hasta que Ella convulsionaba de placer. La Dómina respiraba profundo, se recuperaba un poco y atacaba de nuevo a su sumiso. Al final, él siempre estaba de pie frente a su Dueña, ofreciéndole su sexo para jugar. Ella lo masturbaba sin piedad, una y otra vez, hasta que él estaba temblando.

Cuando ya estaba satisfecha (y desde luego él no), en el justo momento en que le soltaba el enrojecido pene, le metía las manos entre las piernas, le insertaba sin mayor ceremonia un plug anal que le quitaba la erección pero no el dolor, y lo enviaba a hacer chocolate. Inmediatamente.  

Adoraba verlo caminar temblando porque no había terminado de reponerse de la faena, y tratar de hacer las cosas bien mientras intentaba recuperar el aliento. Sabía que su sumiso tenía un punto de excitación que lo ponía a temblar como de frío, de forma incontrolable. La única manera de calmarlo era cobijarse mucho y relajarse, pensar en otra cosa hasta que se le pasara. Pero para disfrute de Ella y tortura de él, en ese punto justamente le gustaba ver caminar a su juguete.

Caminaba un poco extraño con los temblores, y como estaba desnudo no se le quitaban. Si no se cubría para entrar en calor, tardaba mucho en normalizarse. Ahora, eso mismo con un dildo dentro y tratando de preparar el chocolate lo más pronto y lo mejor posible, pero SIN haber tenido un orgasmo o sea, aún queriendo sexo, era muy intenso, pero se agudizaba a cada momento por estar sin poder controlar el temblor de las manos y brazos… y toda la situación se exacerbaba por el frío de la tarde de lluvia y saber que tenía prohibido eyacular ni hacer nada de regueros…

Lo de no eyacular, bien, para eso lo entrenaba su Ama, pero no hacer regueros era difícil, con la leche, la cuchara temblando en la mano, el chocolate y el azúcar regándose… No, no era fácil, y si su Dueña supervisaba, menos aún…

-¡Nada regueros!- decía Ella -¡De ningún tipo!

Tenía que respirar hondo para verter la leche en la olla sin derramarla, prender la hornilla, sintiendo el dildo dentro con cada movimiento… sacar el chocolate del envase con la cuchara era lo mas difícil, sobre todo sabiendo que su Dómina sabía cada cosa que le estaba pasando y que lo estaba vigilando desde la puerta del cuarto, donde se veía toda la cocina y el pasillo. Resultaba toda una empresa remover el chocolate mientras se calentaba, evitando golpear los bordes de la olla con la cuchara al tiempo que recibía órdenes que incrementaban la sensaciones, cómo:

-¡Guardá las cosas en la gaveta de abajo! Una por una…- Tomar la leche, agacharse, guardarla, levantarse; tomar el chocolate, agacharse, guardarlo, levantarse y repetir el ciclo con cada ingrediente, sintiéndolo a cada paso el ano lleno por capricho de su Señora.

̶  ¡Quiero que estés sentado mientras vigilás el chocolate! Te levantás y lo removés cada 30 segundos…

Cada vez que se sentaba era penetrado hasta adentro y oía como su señora reía acostada, viéndolo desde la habitación. ¡Eso lo excitaba aún más, y más temblaba!

El Ama no perdía ni un detalle, ningún gesto de su cara cuando se sentaba. Lo veía temblar sin poderse controlar, con una gran excitación y un frío intenso, el placer y el dolor del dildo abriéndolo y la humillación de oír como Ella se reía de él. 

Lo último sobre todo, la sensación de estar siendo sometido… Estaba haciéndolo todo muy despacio para no hacer un desastre en la cocina cuando escuchó su grito: 

̶ ¡¿Qué pasó con mi chocolate?!

El sumiso respiró hondo y trató de relajarse para verter el chocolate en la taza, sin derramarlo, pero estaba temblando tanto que apenas podía mantenerse en pie, sabía que necesitaba hacerlo despacio para no hacer un desastre, pero quería terminar pronto para poder buscar calor… apenas pudo colocar la taza sobre la mesa para añadirle el azúcar y justo cuando pensaba que no podría estar más excitado, mientras llevaba el chocolate a la habitación haciendo un esfuerzo sobrehumano, vio a su Ama en la cama masturbándome con un vibrador para el clítoris.

Aunque no tenía erecciones si estaba sodomizado, aquella visión lo excitó al máximo: su pene le dolía a la vez que Ella se contorsionaba y gemía en medio de un nuevo orgasmo. Estaba desesperado, la taza temblaba en su mano y casi no podía evitar que se derramara un poquito de chocolate mientras la miraba. 

Como no podía más, empezó a caminar moviendo las caderas, tratando de masajearse a sí mismo en la próstata con el dildo que llevaba dentro, no se podía tocar pero necesitaba eyacular… y lo logró en el peor de los momentos: su semen chorreaba incontenible por tus piernas en el momento en que le entregaba la taza a su Dueña.

-¡Sabés que no podés tocarte ni estimularte de ninguna forma sin mi permiso!- ¡Quería que se lo tragara la tierra! Ella miró lo que sucedía y lo recorría con la vista de abajo a arriba mientras sorbía el chocolate. Él no sabía donde meter la cara y no se atrevía a verla. Sus brazos estaban rígidos al lado de su cuerpo, con los puños cerrados.

-¡Perdón Ama!

-¡Silencio! 

Trataba de contener su eyaculación, o lo que quedaba de ella…

-¡Pésima educación! ¡Pésimos modales! ¿De qué ha servido todo el entrenamiento que te he dado?

-¡Perdón, mi Ama!

-¡Ya empezaste, ahora terminás!… vas a seguir moviendo las caderas para que el dildo te ordeñe, hasta que no salga nada más…

Entonces empezó a mover las caderas de nuevo, frente a su Ama, mientras Ella sorbía el chocolate. Era muy humillante, sentía mucha vergüenza, pero continuaba moviéndose, hasta que cayó de rodillas jadeando como si no alcanzara todo el aire de la habitación… pero sabía que sin permiso de su Ama, aunque se sintiera morir, no podía dejar de mover las caderas…

-¡Terminé, Ama…!

-Bien, dejá de moverte, limpiá todo ese desastre ¡con la lengua…! ¡y te lo tragás todo…!

Realmente odiaba el sabor y la consistencia de su propio semen.

-¡Listo, Ama!

-¡Bien, subite a la cama y te ponés en cuatro, voy a sacarte el dildo…     

Y lo sacó… varias veces. 

-Luego te voy a castigar… Unos cuantos azotes te harán entrar en calor, pero el chocolate te quedó rico, por eso, te voy a permitir servirme como cobija toda la noche…

-¡Gracias mi Ama!- dijo mientras sonreía, porque el calor de su Ama lo salvaría del frío de esa noche.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s