El trébol

Por Ama Ashtart

Quienes han leído mi perfil, se habrán dado cuenta de que me encanta la bisexualidad forzada (BSF), que es muy diferente a tener un sumiso bisexual y hacer un trío, y en esa diferencia radica la magia, por lo menos en lo que a Mí respecta.

Esto es porque para un sumiso bisexual, entregarse a un hombre para Mí y siguiendo mis órdenes, puede ser algo excitante y rico, y no digo que para Mí no -sin duda tengo mi lado voyerista-, pero si esto viene por parte de un hombre heterosexual que lo acepta por sumisión, por el puro afán de complacerme, aunque no le llame la atención e incluso no le guste, esa entrega adquiere otra dimensión. Máxime porque ello implica tirar por el suelo preconceptos machistas, roles de género y hasta su concepto de “hombría”, y ese nivel de entrega es algo que encuentro sumamente sexy.

Sobre este tema, los sumisos heterosexuales que me contactan suelen ponerse ansiosos y preocupados, lo cual me parece adorable… y más tentador. Lo primero que les aclaro es que como todo en un contexto bedesemero, una sesión de BSF es algo previamente consentido, que requiere de mucha confianza en la pareja e incluso de cierto entrenamiento. Para que tuvieran una idea más clara de a qué me refiero, incluí en mi protocolo la descripción de lo que sería un ejemplo de una sesión de BSF Conmigo como Dómina.

Debo decir que a la mayoría les pareció excitante, súpersexy y hasta “preocupantemente tentador”. Tuve tan buenos comentarios que decidí extraerlo del protocolo convertirlo en un relato, aquí se los dejo a ver qué les parece…

La bisexualidad forzada es una de las prácticas favoritas del Ama, no obstante, puede causar ansiedad, temor o reticencia por parte de algunos sumisos poco entrenados.

Una sesión de Bisexualidad Forzada o BSF, debe realizarse con previo consentimiento del sumiso. Cuando el sumiso está listo, el Ama decide cuando jugar con dos sumisos a la vez, así que le comunica que en cualquier momento puede darse la sesión de BSF.

El Ama cita a un sumiso, lo deja en ropa interior, le pone collar y cadena, y lo hace echarse a sus pies, como su perro entrenado. Cuando llega el otro, los presenta. Ante su cara de ansiedad y asombro, les dice que va a jugar con los dos y hace que cada uno desnude al otro lentamente. La ansiedad y el deseo sensibilizan la piel, y el roce de la ropa deslizándose se vuelve una caricia inesperada. Y eso que a ninguno de los dos les gustan los hombres…

Cada sumiso sabe que debe hacerse una ducha anal antes de servir a su Señora. Una vez desnudos, su Dueña los hace abrazarse completa y largamente, mientras se acarician despacio todo el cuerpo según las indicaciones del Ama.

Los hace tomar una ducha juntos, donde cada uno debe bañar concienzudamente al otro y lo hacen de buena gana, sobre todo porque no saben que partes de ese cuerpo les va a pedir el Ama que se metan en la boca. Cuando ambos están enjabonados, el Ama entra a la ducha y mientras uno le lava el cabello, Ella hace al otro inclinarse sobre su regazo y lo penetra con sus dedos para dilatarle el ano y prepararlo para lo que sigue. Luego cambian y el que ya ha sido dilatado, le lava el cuerpo al Ama al tiempo que ella pentra al otro igual que lo hizo con el primero.

Seguidamente, mientras la Señora se enjuaga, ambos sumisos salen y se secan mutuamente, luego sale Ella, la secan, embadurnan con crema todo el cuerpo de su Dueña y la visten turnándose: mientras uno le pone una prenda, el otro la acaricia y cambian de puesto con cada prenda.

Posteriormente, los hace abrazarse y acariciarse de nuevo, y hacerse masajes en el ano mutuamente, con algún lubricante. Después cada uno viste al otro con un hilo de encaje, medias caladas con ligueros, tacones altos, un collar con flores, cadena, uñas largas postizas y maquillaje.

Todo este proceso ayuda a que los sumisos entren en confianza y facilita que se sientan cómodos tocando el otro cuerpo.

Seguidamente, la Señora se sienta en un sillón, dirigiendo de nuevo besos y caricias: empezando por las más inofensivas en los brazos y el rostro, besos en el cuello, las manos y las mejillas, para luego aumentar la intesidad, hasta que siguiendo cada palabra su Dueña, se acarician los genitales y se besan las ingles, el vientre, los labios… Luego, si no lo saben, les enseña a colocar un condón con la boca y hace que cada uno le ponga un condón al otro de esa forma. A continuación, con una moneda al aire o según el antojo del Ama, se decide quien será penetrado primero. Este debe poner lubricante en su boca y con su lengua, lubricar el miembro invadirá su cuerpo.

Para el primer turno de penetración, mientras el Ama está sentada, un sumiso apoya su manos en los muslos de Ella y la ve a los ojos mientras el otro lo penetra, con los cambios en la fuerza, la velocidad y la profundidad que Ella le va indicando. Luego, los sumisos intercambian de lugar y el que antes se hundía en ano de su contraparte, ahora vive la vergüenza de sentirse penetrado por otro hombre a la vez que mira los ojos de la mujer que gobierna su vida.

En la segunda ronda, el sumiso que será penetrado primero, está de cuatro patas y el penetrador de rodillas. Así, mientras el sumiso es montado, le debe dar sexo oral a su Dueña, al tiempo que Ella se comunica por señas con el que penetra, logrando así que los cambios de velocidad, fuerza y profundidad, sean sorpresivos para el otro. Cada turno termina cuando pasan 10 minutos, si el penetrado le da los dos orgasmos o más al Ama, o hasta que logra darle al menos dos orgasmos.

En la tercera ronda un sumiso está de pie, con las piernas muy abiertas, el otro sumiso le da sexo oral de rodillas y el Ama es la quien penetra al primero. El dildo debe ser de doble penetración (vaginal para ella y anal para él), con vibrador para el Ama. El turno termina cuando Ella llegue al orgasmo, independientemente de que el sumiso termine o no. De nuevo los dos sumisos cambian de lugar.

Para terminar, el Ama los lleva a la cama, a gatas, tirando de sus cadenas y ahí, un sumiso se acuesta boca arriba y el otro boca abajo sobre el primero, de modo que queden cara a cara y Ella azota al de encima mientras ellos besan en la boca. Luego cambian de lugar y cuando las nalgas de los dos están del color que el Ama quiera, se les une a los dos en la cama para el aftercare, se dan un beso triple formando un trébol con sus cabezas, beben algo y hablan de la sesión.

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